Himno a la celulitis
de Enrique Serna

¡Oh encanto de la gorda
pierna de robustez elefantina
que en grasa se desborda!
¡Oh majestad divina
del muslo rebozado en gelatina!
... Vivan las adiposas
adoratrices del esfuerzo nulo,
que dejan las odiosas
fatigas para el mulo
y comen todo lo que agranda el culo.



En un mundo sin melancolía los ruiseñores se pondrían a eructar.
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jotatrujillo dijo
Jajajaja. Ni el mismísimo Quevedo lo hubiese mejorado.
Brillante. de verdad.
Un abrazo.
9 Octubre 2009 | 05:31 PM