Estamos tan acostumbrados a darle un significado a la información que nos llega que damos por sentado que es un proceso de lo más simple. Sólo somos conscientes de nuestros esfuerzos cuando la información que se nos presenta, el estímulo, es tan inusual que tenemos que conferir un significado de modo Activo.

Sin embargo, los procesos utilizados para asignar significado de manera prácticamente automática al leer, por ejemplo, la palabra "libro" o al intentar descifrar el volante del médico son casi los mismos.

Asignar significado a los estímulos que nos llegan dependerá de tres cosas:
1. La naturaleza del estímulo.
2. Nuestro conocimiento previo.
3. El contexto en que se produce el estímulo.

Evidentemente, si no vemos, no hay percepción visual.

Igualmente, si no hay conocimiento previo no podr√≠amos asignar significado a la estimulaci√≥n recibida: Pensemos por ejemplo en lo in√ļtil de escuchar un discurso radiof√≥nico en ruso si no se conoce la lengua. Pensemos, mejor a√ļn, en lo in√ļtil que es rellenar la cabeza hueca de alg√ļn estudiante en un empe√Īo est√ļpido por empezar la casa por el tejado.

Por √ļltimo, sin informaci√≥n contextual, la b√ļsqueda en nuestro conocimiento previo se hace de forma mucho menos eficaz. Miremos la variedad de palabras polis√©micas que tenemos en castellano (banco) y la importancia que tienen los elementos contextuales para identificar con rapidez y eficacia el significado que le corresponde.