Estupenda. O quizá debería decir estupendo porque no es tanto una película como un falso documental sobre la historia de un desdichado hombre-camaleón. Como siempre, Woody Allen recurre a los temas de los complejos psicoanalíticos, el sexo, los conflictos de identidad y sociales.

La trama está ambientada a finales de los años 20 cuando Zelig, el protagonista, comienza a ser objetivo persistente de los medios de comunicación al llamar la atención por su impresionante capacidad para adoptar cualquier forma que le convenga.

Todo comienza un día en que Zelig se ve impelido a mentir por la presión del grupo sobre sus preferencias personales, entrando a partir de entonces en una espiral de embustes creciente hasta llegar al punto en que, por agradar a quienes le rodean, es capaz de adoptar formas y apariencias asombrosas.

El caso interesa sobre todo a una psicoanalista terriblemente ambiciosa (Mia Farrow) que ve en Zelig la oportunidad que no tuvo de hacer algo "grande" con su carrera.

La historia de Zelig en los años 20 está rodada en blanco y negro, alternando estas escenas, con otras en color que reflejan a los personajes en la actualidad. En cierto modo, se puede hablar de innovación cinematográfica.

Lo más destacable de esta descabellada comedia es, sin duda alguna, el guión, perfectamente diseñado para partirse de risa. Altamente recomendable.