Seguramente, si nos ponemos a pensar en cómo funciona cualquier objeto de la vida cotidiana, encontramos pronto la solución a la incógnita de su funcionamiento.
Pensemos, por ejemplo, en una bicicleta. Es necesario empujar el pedal hacia abajo, así gira una rueda dentada gracias al movimiento del brazo del pedal, etc. Puede repetirse esta operación con cualquier utensilio mecánico que conozcamos.
No podemos decir lo mismo del funcionamiento mental. Lamentablemente, no es algo tangible y no es tan sencillo observar sus componentes procesales.
Hay quienes son de la opinión de que nuestra experiencia nos permite comprender cómo funciona la mente, incluso en términos científicos. De hecho, en los primeros tiempos de la psicología experimental el único
método del que disponían era la introspección.
En algunas ocasiones sí se puede decir cómo se ha llevado a cabo una operación cognitiva a través de este método.

Por ejemplo, si alguien nos pregunta qué letra va antes de la J, la mayoría de nosotros hará un recitado mental de un trocito del alfabeto.
Sin embargo, la introspección es una técnica poco adecuada para este fin por dos razones. La primera de ellas, que muchos de nuestros procesos mentales no son enteramente conscientes. ¿Cómo conseguimos comprender lo que nos dice nuestro compañero de trabajo? ¿Qué ocurre en nuestro cerebro para originar el proceso de comprensión? Una segunda razón, más académica, es que los resultados introspectivos son difícilmente evaluables. Así, se hace necesario acudir a otros métodos.
Surge así el enfoque del procesamiento de la información relacionando actividad mental y cerebro. Lógicamente, no se conoce de modo preciso cómo se realizan las funciones en el cerebro, pero sí se puede suponer, por ejemplo, que almacenamos datos en la memoria. Las tareas de los psicólogos cognitivos serán ahora establecer qué factores influyen en cómo se almacenan esos datos, en qué etapa del proceso se recuperan, si se facilita el proceso de recuperación variando los modos de codificación, etc.
De lo que se trata, en definitiva, es de conocer por un lado los modelos de proceso o modos detallados de cómo las personas realizan la actividad mental y, por otro, los componentes funcionales del sistema de procesamiento.