Las teorías de Chomsky con respecto al lenguaje, así como sus críticas a la lingüística estructural y a la psicología conductista tuvieron resonancia en ámbitos mucho más extensos que las facultades de psicología.

El lenguaje es, para Chomsky, un sistema sometido a reglas y su teoría se centra, por tanto, en averiguar el tipo de conocimiento que tiene que tener un hablante para poder producir y comprender un número infinito de discursos. Estas reglas sólo pueden ser formuladas a partir de hipótesis de computación.

El sistema de conocimiento de lenguaje es innato. Existiría una Gramática Universal formada por parámetros y principios a fijar desde la evidencia externa.

¿Qué Computar? El sistema de conocimiento del que dispone el hablante de una lengua concreta.
¿Cómo? La manera en que se adquiere y se usa para comprender la lengua y para producir el discurso. Este sería el nivel algorítimico.
Existe aún un tercer nivel, el de implementación en un sistema físico, en este caso el cerebro.

La teoría lingüística es una teoría de cálculo, la Psicolingüística se ocuparía del nivel algorítimico y la Neuropsicología del nivel de implementación.

Las oraciones difieren en el numero de reglas transformacionales utilizadas para generarlas y, cuántas más transformaciones, más tiempo tardan en ser procesadas.

A finales de los años 70, los psicolingüistas abandonaron la hipótesis de la competencia (aunque parece que algunos autores como Bresnan vuelven a utilizarla como hipótesis metodológica) al hallar que un hablante de una lengua no usaba la información de la gramática mientras intentaba comprender, sino que usaba heurísticos. Es decir, que la gramática sólo se usaba cuando los heurísticos fallaban.

Estos enfrentamientos entre lingüistas y psicólogos no dejan de ser fructíferos para el estudio de la actividad mental así como fue sumamente importante para el avance de las ciencias cognitivas la crítica feroz que hizo del conductismo y su interpretación de la conducta en base exclusivamente de estímulos y respuestas.

Para quién tenga dudas, sí, es el activista político pero merece ser reconocido también por sus aportaciones a la ciencia.