Ya sé que casi todos piensan que esto no tiene remedio, pero
creer que el desarrollo de la economía puede durar eternamente es cosa de orates. Es más, en occidente, el crecimiento económico, según los Ehrlich constituye la enfermedad más que el remedio.

Los recursos naturales tienden a disminuir, en parte por el cambio climático y, sobre todo, por la sobreexplotación. Y, sin embargo, estos recursos no alcanzan a cubrir las necesidades alimentarias de una población en constante progreso demográfico. Se habla mucho de un desigual reparto de los alimentos. Esto es verdad en parte, ya que por ejemplo, un tercio de la producción de cereales se destina a engordar ganado para asegurarnos a los países más ricos un aporte importante de proteínas, bien carne, bien leche.

Conseguir una distribución mejor de alimentos no es fácil puesto que su transporte desde los países productores (EEUU y Ucrania son los mayores productores de cereal) es tan caro que resulta inviable, y la ayuda que prestan los países ricos a los pobres no alcanza ni como limosna (1'1% PIB de Noruega, el país más generoso).

Es necesario reducir el impacto de nuestra soberbia especie sobre la tierra disminuyendo el número de personas que habitan el planeta, los recursos que consume cada una de ellas o la tecnología que proporciona tales recursos.

La tasa de crecimiento poblacional sigue aumentando en los países en vías de desarrollo y en las naciones pobres a pesar de los inventos anticonceptivos a los que no tienen acceso. A su vez, el consumo sigue aumentando en los países desarrollados y no parece que estemos dispuestos a renunciar a nuestro "nivel de vida" y seguimos llamando progreso a la destrucción y mal uso de los recursos naturales.

Parece que no somos conscientes de que somos tan sólo una especie más, tan especial como se quiera, pero ni mejor ni más evolucionada; mucho menos lo somos del hecho de no ser necesarios para la vida del planeta -si nos perdemos como especie, el mundo seguirá dando vueltas-, y menos aún de que si acabamos con la vida en la tierra nos exterminamos a nosotros mismos. Pero nada de esto importa mientras la economía siga creciendo... hemos olvidado que la tierra no nos pertenece, que somos nosotros los que le pertenecemos a ella.