Vivimos en una cultura androcéntrica donde la clave del éxito en la mujer es encarnar el estereotipo de belleza ideal y la del hombre, tener la habilidad de poseer una de estas hembras. La publicidad califica dicotómicamente nuestra realidad: lo hermoso vs. lo feo, lo que nos involucra en un deseo de normalización y nos empuja al consumo sin freno.
Poco importa cuán variable sea el modelo de atractivo. Los consumidores, en un intento desesperado por mantener la autoestima, siguen los dictados de la industria incrementando exponencialmente las ganancias de ésta.
Tantos años de lucha por la igualdad con el varón para acabar sometidas a los dictámenes consumistas de la moda, la dietética y otras fuentes de restricciones sobre el cuerpo -y sus usos- de la mujer. Podríamos hablar aquí de diferentes torturas como la depilación a cera, el uso y abuso de los tacones , la aplicación de todo tipo de productos químicos sobre la piel o de trastornos alimentarios. Sin embargo, lo que me ha llevado a escribir esto es la noticiadel incremento de intervenciones de cirugía plástica para reparar imperfecciones estéticas de la entrepierna femenina.
Ahora que parece que, incluso en países donde la ablación es algo común, se están planteando medidas para disminuir estas prácticas, la moda en occidente es recortar trocitos de piel sobrante en la zona genital, no sea que el tanga modelo sedal deje al descubierto una cosa tan horrible. Dicen estas mujeres que prefieren perder algo (?) de placer sexual con tal de ajustarse al canon establecido.
Tampoco es tan extraño si pensamos que todos estos retoues son bendecidos por el común de la sociedad y facilitan el camino al éxito. Así, la cirugía estética se ha convertido hoy en un fenómeno de masas.
Y, todo esto ¿por qué? Para hacernos más dóciles al control externo. Obtener personas más fáciles de manejar -Dejarse enseñar- es el objetivo de estas férreas disciplinas. La disciplina aumenta las fuerzas del cuerpo -en términos económicos de utilidad- y disminuye esas mismas fuerzas -en términos políticos de obediencia-.


Estoy de acuerdo en tu análisis y en tu conclusión acerca de la relación entre medios de comunicación-publicidad y perfeccionismo estético, así como en el objetivo de fomentar un individuo más competitivo, más feroz, más utilitarista y a la vez más superficial y manejable. Sin embargo, no creo que sea un problema exclusivo para las mujeres.
La dominación masculina es indiscutible; los hombres son mayoritarios en los consejos de administración de las grandes empresas y ocupan la mayoría de los altos cargos administrativos. También el hombre ha contribuido a someter a la mujer a la triste condición de mercancía sexual. Pero también el hombre se encuentra desorientado dentro del culto al narcisismo.
Cada vez son más los hombres esclavos de sus cuerpos; hombres que se depilan, que destinan gran parte de sus salarios a gimnasios, centros spa, cremas, lociones capilares, exfoliantes y demás. Cada vez son más numerosos los hombres que acuden a centros de estética para quitarse berrugas, para prolongar su pene, para eliminar eternamente el vello púbico. Cada vez son más frecuentes los casos de anorexia entre los hombres. Si muchos hombres se miraran en el espejo, no verían más que el rostro y la imagen que la publicidad ha creado de ellos, haciendo desaparecer sus cuerpos reales.
En conclusión, no creo que el frenesí estético sea una consecuencia exclusiva de la dominación masculina. Creo que el verdadero problema tiene más que ver con la dominación de los mass media y el mercado sobre todos nosotros. Son los media los que han hecho de nosotros meros objetos sexuales para el otro... empezando por las revistas femeninas, redactadas y dirigidas por mujeres.
Dices que no es un problema exclusivo de las mujeres. Bien, no lo es. Pero creo que el colectivo femenino se lleva la peor parte en el reparto de la imagen frente al espejo. Si es ahora cuando los centros de estética empiezan a acoger a los hombres que se quieren deshacer de sus pelos, las mujeres llevan arrancándoselos con cera unos 100 años de manera periódica quincenal. Aún se permite al hombre ser feo, gordo, peludo -al menos en ciudades tan poco cosmopolitas como la mía-.
El culto al cuerpo es un sistema de dominación de quienes tienen poder sobre nosotros, los que estamos abajo. Lo mismo me da que quien escriba esas revistas "de mujeres" se llame Sarah o José Luis. Es la misma mentalidad de incitación al consumo porque-sí y las ideas de culpabilidad que tan bien funcionan para manejar a todo el mundo.
Lo que ya no consigue tan fácilmente la Iglesia lo consigue Corporación Dermoestética.
Parece que me he descentrado un poco y le pongo demasiado interés a la dominación masculina, pero aún se siguen viendo millones de empresarios viejos y barrigones con nenas 40 años más jóvenes que ellos que la deben de mamar de maravilla.
Con todo, lo más triste es que estos lamentables ejemplos comportamentales se tiendan a copiar: por las mujeres y por los miembros de otras clases sociales en general. Así nos luce el pelo.
Bueno, ya ves que no estamos tan en desacuerdo. Que existe una dominación masculina es algo innegable; como hermano de una socióloga feminista es algo que tengo bastante claro desde hace años. La mujer no lleva cien años, sino toda su historia siendo la muñequita del hombre.
Pero no voy a entrar en competiciones hombre-mujer. ¿Te he dicho alguna vez que odio las comparaciones y las competiciones? Estamos todos bajo la misma estructura. "Sentimiento de culpa, mercado y burocracia", he ahí la trampa. Lo dije una vez de un modo un tanto ingenuo; dentro de un poco lo intentaré explicar un poco mejor.
Somos todos -hombres y mujeres, qué más da- los que vivimos bajo una estructura que nos lleva aplastando mucho tiempo. La mujer cayó antes; el hombre va cayendo poco a poco. No hay más que observar la tendencia. El boby-building es algo más una moda; es una tendencia generalizada que va a más y que no va a parar nunca.
Cada vez son más numerosos los hombres que se preocupan por la estética. Y lo peor de todo es que muchos llaman a eso la "feminización del hombre". Quizás consideran que la verdadera mujer es esa petarda capaz de encerrarse cuatro horas en su habitación para pintarse el ojo...
Ups, puse boby-building. Suena gracioso, pero además Bobby sería con dos Bs. Qué mal... Es demasiado tarde. Quería decir Body-building...
No, no, competiciones, no, por favor. No en el blog... Discusiones, las que quieras.
pues parecía que lo del boby era a posta :) quedaba bien.
Quedaba de lujo. Bobby-building suena a gimnasio de Getafe City. Sería un exitazo, no tengo dudas... Se lo diré a la de Australia. Le saldrá un post cojonudo, ya verás.
¿Comparaciones y competiciones? Buuuf, cómo las odio. Si supieras lo que cansan las comparaciones tipo Madrid-Barcelona, funcionarios-trabajadores, hombre-mujer... Uno acaba con un sentimiento de culpa brutal.
Atención: Casos de mala praxis en Compañía Dermoestetica
Debido a la falta de información sobre las prácticas de la empresa Compañía Dermoestetica y dado que mucha gente ha sido perjudicada por negligencias en los procedimientos de cirugías plásticas y tratamientos cosméticos, hemos decidido convocar a quienes hayan padecido una mala experiencia en esta compañía o hubieran sufrido daños o lesiones y deseen compartir su caso para ayudar a futuros pacientes.
Si tienen alguna información, o conocen a alguien que pudiera suministrarla, pueden ponerse en contacto con nosotros en: cplasticas@gmail.com
Nuestra intención es crear un sitio Web para contribuir a que los responsables queden expuestos y no puedan seguir perjudicando a otros pacientes comprometiendo seriamente su salud.
No quiero parecer cínico, pero las damas depiladas que conozco nunca han ido arrastradas hasta el salón de belleza, sometidas brutalmente por un cavernícola. Y las que se lo hacen en casa para ahorrar, se lo hacen en la intimidad y solitas (o en cómplice sororidad con otras damas de su cuerda). Me inclino a pensar que las damas que se depilan lo hacen para explotar la debilidad que han detectado en los varones por una piel femenina tersa y suave, asegurándose con ello una ventaja en la competencia con otras damas por conseguir al macho deseado.
Yo no diría que esto sea malo de suyo; tan sólo se trata de competitividad. Quien quiera correr descalza, como Zola Budd, que lo haga, pero que no se queje cuando una Florence Griffith impecablemente pertrechada se haga con el premio (aunque así le lució el pelo a la gacela morena...).