Es necesario, Lulio y Escipión, resistir a la vejez y compensar con industria sus deficiencias; es necesario pelear contra la vejez de la misma manera que contra la enfermedad; es necesario tener cuidado de la salud, practicar ejercicios moderados, emplear sólo la comida y bebida necesarias para que se rehagan las fuerzas, no para que sean oprimidas. Y por esto, no sólo se ha de auxiliar el cuerpo, sino mucho más la mente y al alma, pues también estas cosas a no ser que se las ponga aceite como a una lámpara, se extinguen con la vejez. Y por cierto, los cuerpos se ponen pesados con la fatiga de los ejercicios, más las almas se hacen más ligeras.

Pues Cecilio, al mencionar a "necios viejos de comedia" alude a estos: a los crédulos, olvidadizos, indiferentes, defectos que son no de la vejez, sino de una inerte, indolente, somnoliente vejez. Así como la petulancia y el libertinaje son más propios d elos jóvenes que de los viejos, y sin embargo no de todos los jóvenes sino de los no probos, así esa senil necedad, que suele llamarse chochez, es propia de los viejos frívolos, no de todos".

Cicerón: Catón el Mayor: De la Vejez, 35