No sabría explicar cuál fue el tornillo que saltó de mi cabeza, ni por qué exactamente. Sólo puedo deciros que hace un tiempo que me siento agobiada en los espacios repletos de cosas, que me angustia un armario lleno a rebosar, que no soporto el escritorio del ordenador a tope de iconos.
Hace tiempo que vengo leyendo cosas acerca del minimalismo y de la frugalidad pero, algunos consejos son demasiado duros como para seguirlos 100% y a bote pronto (¿Vivir con menos de cien cosas??)
Así, aunque estoy seguro de que quiero reducir mis pertenencias en todos los ámbitos y quedarme sólo con lo que uso de verdad, he decidido operar este cambio lentamente. El primer paso ha sido cambiar el modo de pensar y decidir antes de comprar algo si realmente lo necesito o sólo lo quiero. Esta simple estrategia me ha servido para reducir mis compras en un tercio.
Además, había que ir librando espacio pero existe un poco esa obligación moral de usar cada objeto hasta el fin de su vida útil. Para solucionar este problema nada mejor que donar o reglar aquello que está en buen estado. Así, me he deshecho de una mini-cadena, videos, DVDs, revistas científicas, ropa, libros, etc.
La Navidad es una buena época para poner en circulación algunas de esas cosas que languidecen en tus armarios: hay campañas de recogida de libros, juguetes, calzado, gafas, material escolar, etc. Participa. Rompe con ese apego estúpido a los objetos. Empieza por el primero... y luego cuéntame qué tal te ha ido...
